domingo, 25 de septiembre de 2016



Zimbabwe: África en su esencia

Un territorio con todo el potencial de crecimiento

Situado en el cono sur del continente africano Zimbabwe utiliza sus accidentes geográficos para mantenerse aislado de sus vecinos: al norte, el río Zambeze hace de frontera natural con Zambia, mientras su otro gran río, el Limpopo, marca al sur el límite con Sudáfrica. El desierto del Kalahari, en el este, lo separa de Botswana y la cordillera Oriental, en el oeste, de Mozambique.

Con una situación política un poco inestable, un índice de desempleo crónico altísimo y algunos problemas de salud, especialmente por el estrago que causa el SIDA (se presupone que un 40 % de la población se encuentra afectada por el virus), Zimbabwe está tratando de levantar sus alas dentro del continente más golpeado del planeta.

A pesar de los problemas que aquejan a esta nación, las ciudades son prósperas y bien organizadas. Y si se toman los recaudos necesarios en cuanto a temas de salud (alguna que otra vacuna y cuidados durante la estadía), este país regalará al visitante un número significativo de destinos de un interés turístico excepcional.

La gente de Zimbabwe es de una hospitalidad que asombra. Por ejemplo, no es raro recibir una invitación callejera a algún evento cultural fortuito, como una feria rural, un casamiento tradicional, algún aniversario o a una fiesta nacional, donde compartir con los nativos sus costumbres y tradiciones.

Como en la gran mayoría de los países africanos, en Zimbabwe se encuentran reservas y parques nacionales donde convive gran cantidad de animales de distintas especies: elefantes, leones, rinocerontes, chitas, y los más autóctonos nyala junto con los monos de samango, por nombrar algunos.
Bulawajo

Fundada en 1881 por el último rey Ndebele, Lobengula, es la segunda ciudad en importancia del país. Grande para los parámetros africanos, esta villa de más de 900.000 habitantes posee una arquitectura lineal un tanto fría e impersonal. Sin embargo cuenta con todo el confort y las facilidades occidentales. Pero lo verdaderamente importante de Bulawajo es su historia, aún patente en sus alrededores, donde todavía se percibe el África tribal.

Kariba

Es el destino turístico por excelencia para los zimbabwenses. La carencia de costa convierte a Kariba en la playa del país. Como escribe Moravia en su libro Paseos por África: «Decir que su superficie es de 500.000 hectáreas es decir poco; pero decir que por su longitud cubre una distancia igual a la que hay de Roma a Florencia es decir bastante».
Los batonka, la tribu ribereña del Zambeze, cuentan una leyenda: durante la construcción de la presa, que convertiría su río en un lago, suplicaron al dios de las aguas Nyaminyami que los salvara. Este los oyó y durante cinco años abatió sobre las obras sequías, inundaciones y tormentas hasta que al fin, desalentado, trasladó su morada río arriba desde donde sigue vigilando su reino, hoy en día, invadido por viajeros.

Matopos National Park

32 kilómetros al sur de Bulawajo se alzan las enigmáticas colinas graníticas de Matopos, que con su multitud de antiguas pinturas rupestres parecen verdaderamente la morada de los dioses.

En la colina llamada «the view of the world» se encuentra la tumba de Cecil Rhodes. Un sendero empinado conduce hasta las enormes rocas que custodian el monumento. Sobre el suelo, una sencilla lápida. El paraje ofrece una belleza sobrecogedora que logra intimidar.

Las cataratas Victoria

Mosi-o-tunga ("el humo que truena"), como lo bautizaron las tribus del Zambeze, mucho antes de su descubrimiento oficial por Livingston en 1855, transmite una sensación de majestuosidad sin limites civilizados, es la naturaleza en estado puro que todos los viajeros buscan en Zimbabwe.
Circundadas por una densa selva pluvial donde la luz apenas se filtra, un sendero embarrado serpentea hasta su borde y allí, de golpe, frente al visitante, el Zambeze se desploma al vacío en una caída de 122 metros, dos veces la altura del Niágara, mientras nubes de vapor ascienden rociando a todo y a todos en medio de un ruido ensordecedor.

Las mundialmente conocidas cataratas o caídas de Victoria son una atracción que no se puede dejar de visitar, ya que miles y miles de rollos de foto y cintas de video atrapan cada año los 5 millones de litros cúbicos que caen por minuto desde los picos más altos. El pueblo de Victoria fue construido sobre la base del turismo, lo que da una idea de la magnificencia de esta atracción. Zambesi, una de las caminatas que se realizan sobre las cataratas, tiene la particularidad de combinar los peñones, el agua que cae sin parar y una variedad importante de vida salvaje. Es común ver elefantes, hipopótamos y cocodrilos bañarse en las aguas de poca profundidad.

El Gran Zimbabwe

Como ocurriera con las famosísimas ruinas de Machu Pichu, el Gran Zimbabwe desde su descubrimiento por Carl Mauch el 5 de septiembre de 1871, ha sido una inagotable fuente de inspiración para aventureros y soñadores.

Las ruinas se dividen en tres grupos: el templo, con dos magnificas torres cónicas de 10 y tres metros, en un conjunto rodeado lo largo de casi tres kilómetros por un muro de más nueve metros de altura y seis de ancho. Aún se ignora la función que desarrollaba, lo que ha dado lugar a teorías para todos los gustos. A lo lejos y en lo alto de una colina se encuentra la Acrópolis, una imponente fortificación que seguramente sirvió como centro ceremonial y defensivo. Aquí se encontraron los misteriosos pájaros, tallados en piedra de jabón, que hoy son el símbolo del país.

Mana Pools National Park

El encanto de Mana Pools reside en su relativo aislamiento y en su naturaleza inalterada, pero sobre todo en su río, cuyas riberas forman pequeñas piscinas donde la fauna se da cita al atardecer. Este escenario propicia uno de los safaris más bellos de África. Desde las gargantas de Kariba hasta la frontera con Mozambique los recorridos en canoa, de cinco a diez días de duración (según presupuesto), permiten observar el ritmo del río, los paisajes cambiantes del Zambeze y la vida salvaje, en un silencio vedado a cualquier otro medio de transporte. Al anochecer se montan campamentos en sus orillas y alrededor de las fogatas se cena, se cuentan las anécdotas del día y tal vez se espera que el viaje no acabe nunca.

Chizarira National Park

Es la reserva más salvaje del país. Chizarira –que en Batonka significa barrera cerrada– hace honor a su nombre. El difícil acceso a este parque es uno de sus principales alicientes. Está fuera de las rutas turísticas, y no sería extraño encontrarnos como los únicos humanos del territorio. Sus 192.000 hectáreas se dividen en tres áreas de paisajes completamente diferentes.

En el norte, al otro lado de los taludes rocosos del Zambeze, se extienden las riberas de los ríos Mucheni y Lwizilukulu con una vegetación exuberante. Las tierras del este, dominadas por los 1.500 metros del pico Tandezi, ceden paso a una llanura famosa por su fauna. Este es uno de los últimos reductos del rinoceronte negro, emblema del parque.

Al sur el paisaje desciende suavemente sobre el valle del Busi. Es la región de los elefantes, los leones, los leopardos y también la preferida por los visitantes, que encuentran en su belleza salvaje y solitaria un lugar especial.