Zimbabwe: África en su esencia
Un territorio con todo el potencial de crecimiento
Situado en el cono sur del continente africano Zimbabwe
utiliza sus accidentes geográficos para mantenerse aislado de sus vecinos: al
norte, el río Zambeze hace de frontera natural con Zambia, mientras su otro
gran río, el Limpopo, marca al sur el límite con Sudáfrica. El desierto del
Kalahari, en el este, lo separa de Botswana y la cordillera Oriental, en el
oeste, de Mozambique.
Con una situación política un poco inestable, un índice de
desempleo crónico altísimo y algunos problemas de salud, especialmente por el
estrago que causa el SIDA (se presupone que un 40 % de la población se
encuentra afectada por el virus), Zimbabwe está tratando de levantar sus alas
dentro del continente más golpeado del planeta.
A pesar de los problemas que aquejan a esta nación, las
ciudades son prósperas y bien organizadas. Y si se toman los recaudos
necesarios en cuanto a temas de salud (alguna que otra vacuna y cuidados
durante la estadía), este país regalará al visitante un número significativo de
destinos de un interés turístico excepcional.
La gente de Zimbabwe es de una hospitalidad que asombra. Por
ejemplo, no es raro recibir una invitación callejera a algún evento cultural
fortuito, como una feria rural, un casamiento tradicional, algún aniversario o
a una fiesta nacional, donde compartir con los nativos sus costumbres y tradiciones.
Como en la gran mayoría de los países africanos, en Zimbabwe
se encuentran reservas y parques nacionales donde convive gran cantidad de
animales de distintas especies: elefantes, leones, rinocerontes, chitas, y los
más autóctonos nyala junto con los monos de samango, por nombrar algunos.
Bulawajo
Fundada en 1881 por el último rey Ndebele, Lobengula, es la
segunda ciudad en importancia del país. Grande para los parámetros africanos,
esta villa de más de 900.000 habitantes posee una arquitectura lineal un tanto
fría e impersonal. Sin embargo cuenta con todo el confort y las facilidades
occidentales. Pero lo verdaderamente importante de Bulawajo es su historia, aún
patente en sus alrededores, donde todavía se percibe el África tribal.
Kariba
Es el destino turístico por excelencia para los
zimbabwenses. La carencia de costa convierte a Kariba en la playa del país.
Como escribe Moravia en su libro Paseos por África: «Decir que su superficie es
de 500.000 hectáreas es decir poco; pero decir que por su longitud cubre una
distancia igual a la que hay de Roma a Florencia es decir bastante».
Los batonka, la tribu ribereña del Zambeze, cuentan una
leyenda: durante la construcción de la presa, que convertiría su río en un
lago, suplicaron al dios de las aguas Nyaminyami que los salvara. Este los oyó
y durante cinco años abatió sobre las obras sequías, inundaciones y tormentas
hasta que al fin, desalentado, trasladó su morada río arriba desde donde sigue
vigilando su reino, hoy en día, invadido por viajeros.
Matopos National Park
32 kilómetros al sur de Bulawajo se alzan las enigmáticas
colinas graníticas de Matopos, que con su multitud de antiguas pinturas
rupestres parecen verdaderamente la morada de los dioses.
En la colina llamada «the view of the world» se encuentra la
tumba de Cecil Rhodes. Un sendero empinado conduce hasta las enormes rocas que
custodian el monumento. Sobre el suelo, una sencilla lápida. El paraje ofrece
una belleza sobrecogedora que logra intimidar.
Las cataratas Victoria
Mosi-o-tunga ("el humo que truena"), como lo
bautizaron las tribus del Zambeze, mucho antes de su descubrimiento oficial por
Livingston en 1855, transmite una sensación de majestuosidad sin limites
civilizados, es la naturaleza en estado puro que todos los viajeros buscan en
Zimbabwe.
Circundadas por una densa selva pluvial donde la luz apenas
se filtra, un sendero embarrado serpentea hasta su borde y allí, de golpe,
frente al visitante, el Zambeze se desploma al vacío en una caída de 122
metros, dos veces la altura del Niágara, mientras nubes de vapor ascienden
rociando a todo y a todos en medio de un ruido ensordecedor.
Las mundialmente conocidas cataratas o caídas de Victoria
son una atracción que no se puede dejar de visitar, ya que miles y miles de rollos
de foto y cintas de video atrapan cada año los 5 millones de litros cúbicos que
caen por minuto desde los picos más altos. El pueblo de Victoria fue construido
sobre la base del turismo, lo que da una idea de la magnificencia de esta
atracción. Zambesi, una de las caminatas que se realizan sobre las cataratas,
tiene la particularidad de combinar los peñones, el agua que cae sin parar y
una variedad importante de vida salvaje. Es común ver elefantes, hipopótamos y
cocodrilos bañarse en las aguas de poca profundidad.
El Gran Zimbabwe
Como ocurriera con las famosísimas ruinas de Machu Pichu, el
Gran Zimbabwe desde su descubrimiento por Carl Mauch el 5 de septiembre de
1871, ha sido una inagotable fuente de inspiración para aventureros y
soñadores.
Las ruinas se dividen en tres grupos: el templo, con dos
magnificas torres cónicas de 10 y tres metros, en un conjunto rodeado lo largo
de casi tres kilómetros por un muro de más nueve metros de altura y seis de
ancho. Aún se ignora la función que desarrollaba, lo que ha dado lugar a
teorías para todos los gustos. A lo lejos y en lo alto de una colina se
encuentra la Acrópolis, una imponente fortificación que seguramente sirvió como
centro ceremonial y defensivo. Aquí se encontraron los misteriosos pájaros, tallados
en piedra de jabón, que hoy son el símbolo del país.
Mana Pools National Park
El encanto de Mana Pools reside en su relativo aislamiento y
en su naturaleza inalterada, pero sobre todo en su río, cuyas riberas forman
pequeñas piscinas donde la fauna se da cita al atardecer. Este escenario
propicia uno de los safaris más bellos de África. Desde las gargantas de Kariba
hasta la frontera con Mozambique los recorridos en canoa, de cinco a diez días
de duración (según presupuesto), permiten observar el ritmo del río, los
paisajes cambiantes del Zambeze y la vida salvaje, en un silencio vedado a
cualquier otro medio de transporte. Al anochecer se montan campamentos en sus
orillas y alrededor de las fogatas se cena, se cuentan las anécdotas del día y
tal vez se espera que el viaje no acabe nunca.
Chizarira National Park
Es la reserva más salvaje del país. Chizarira –que en
Batonka significa barrera cerrada– hace honor a su nombre. El difícil acceso a
este parque es uno de sus principales alicientes. Está fuera de las rutas
turísticas, y no sería extraño encontrarnos como los únicos humanos del
territorio. Sus 192.000 hectáreas se dividen en tres áreas de paisajes
completamente diferentes.
En el norte, al otro lado de los taludes rocosos del
Zambeze, se extienden las riberas de los ríos Mucheni y Lwizilukulu con una
vegetación exuberante. Las tierras del este, dominadas por los 1.500 metros del
pico Tandezi, ceden paso a una llanura famosa por su fauna. Este es uno de los
últimos reductos del rinoceronte negro, emblema del parque.
Al sur el paisaje desciende suavemente sobre el valle del
Busi. Es la región de los elefantes, los leones, los leopardos y también la
preferida por los visitantes, que encuentran en su belleza salvaje y solitaria
un lugar especial.

